viernes, junio 03, 2011

De las instituciones privadas y de la dificultad para ver a la Iglesia Católica como una de ellas

Vamos a empezar con una evidencia: La Iglesia Católica es importante, pues de lo contrario no estaría en las conversaciones tan a menudo como lo está.

Es fruto de esa importancia como surge la necesidad de hablar de ella con un poco de desapego y distancia para tratar de enjuiciarla con acierto. También se trata de la institución más antigua conocida, lo que debería prevenirnos de emitir ese juicio con simpleza o dejadez. Dicho esto, vamos al lío.

La Iglesia es una institución, y como tal es un ente humano y sujeto a cambios. Es también un ente plural. Pero, y ante todo, es una entidad privada. Uso este término por omisión para referirme a ella porque no puedo calificarla de pública. Dice la RAE:

público, ca.
(Del lat. publĭcus).
1. adj. Notorio, patente, manifiesto, visto o sabido por todos.
2. adj. Vulgar, común y notado de todos. Ladrón público
3. adj. Se dice de la potestad, jurisdicción y autoridad para hacer algo, como contrapuesto a privado.
4. adj. Perteneciente o relativo a todo el pueblo.
[...]

La cuarta acepción del término público invalida la inclusión de la Iglesia Católica en él, dado que ella no pertenece a nadie salvo a sí misma. Tal vez el propio discurso de ciertos integrantes de la Iglesia ha podido dar lugar a confusión dado que propugnan que es una entidad universal, donde todos tienen cabida, pero ello no debe llevarnos a engaño: no estamos hablando de un ente público, sino de un ente privado al cual puede acceder (a priori) cualquiera, siempre que se cumplan una serie de condiciones. Un club. Nada nuevo en definitiva.

Voy a detenerme sobre esto para que quede lo más claro posible: la entidad de la Iglesia Católica no es pública porque sus poderes no emanan ni pertenecen al conjunto de ningún pueblo, entendiendo pueblo como conjunto humano reunido libremente y que dicta sus leyes y comportamiento en base a procedimientos igualmente decididos por él mismo. Las leyes y comportamiento de la Iglesia Católica, como institución, siguen cauces distintos, por lo que dichas leyes y comportamiento entran en el ámbito de lo privado. La realidad actual es esa, por más que tendamos a echar la vista atrás y echar mano de acontecimientos pasados para enjuiciar realidades presentes.

Esto, que es (o debería ser) algo evidente, es algo que no suele tenerse en consideración en las conversaciones en las que el que suscribe ha estado presente. En dichas conversaciones se suele criticar a la Iglesia (lo que me parece bien puesto que tiene aspectos muy criticables) y a sus integrantes (lo no me parece bien puesto que soy defensor de la liberta religiosa). Esto último es especialmente preocupante porque se tiende a responsabilizar a los creyentes católicos de las acciones de otros católicos. El ejemplo de la pederastia es actual e ilustrativo. Un silogismo: "tú, creyente. respetas las acciones de la Iglesia Católica; la Iglesia Católica la forman los curas; algunos curas son pederastas; la Iglesia Católica protege a los curas, pederastas incluidos; ergo tú, creyente, respetas que se proteja a los curas pederastas". Esto tiene un nombre, y es falacia. La falacia viene, en este caso, de identificar las acciones de un miembro con las del colectivo al que pertenece, y justamente por esto, asumir que todos los miembros de dicho colectivo piensan lo mismo y/o aprueban el comportamiento de ese miembro particular. No ha lugar.

Para ilustrar esta historia pongo un enlace que, en un mundo ideal, daría lugar a un debate constructivo; sin embargo estamos en este mundo y probablemente generará, de nuevo, una discusión absurda: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=14639

Es como si enjuiciásemos a un supermercado por la actitud borde de un reponedor, o como si enjuiciásemos a todos los médicos del sistema de salud público porque hayamos dado con uno que es un inútil. Es un juicio sesgado en la base.

Dejemos esto por el momento para centrarnos en la figura privada que representa la Iglesia Católica, figura única donde las haya. Me surge la siguiente pregunta: ¿por qué esta dificultad universal para asumir que la Iglesia es un ente privado? Porque todo el mundo sabemos que lo es, pero de alguna manera lo olvidamos. Veamos las razones:

1. La iglesia católica es un ente privado previo a la aparición de los modelos actuales de entorno "privado" y entorno "público". La Iglesia es antigua. Tiene casi dos mil años de antigüedad, y eso es mucho tiempo. Nace en el siglo I de nuestra era en el seno del Imperio Romano, y tres siglos más tarde, gracias al Primer Concilio de Nicea y al emperador Constantino I, se convierte en la religión oficial de dicho imperio. Desde ese momento hasta el presente, la alta jerarquía de la Iglesia ha estado asociada, en menor o mayor grado, a los distintos poderes legislativos y ejecutivos en Europa. Dichos poderes, en tanto reguladores de los dos ámbitos público y privado, han tenido que enfrentarse al hecho de que las personas y los bienes (materiales e inmateriales) de la Iglesia, por ser ésta un asociado al gobierno de turno, debían disfrutar de prebendas especiales. Esto es, la Iglesia no pertenecía ni al ámbito privado y al ámbito público, sino que tenía un ámbito propio. Esto es especialmente visible en la Europa medieval, donde la figura de la catedral se erige como una suerte de ágora (si bien con distintas funciones al ágora o foro clásicos) en las poblaciones importantes (cités y burgos, gérmenes de la ciudad medieval según Henri Pirenne). La catedral, como sede de una diócesis encabezada por un obispo, pertenecía  y pertenece a la Iglesia; en cuanto a edificio o espacio, era levantada por maestros arquitectos y trabajadores, y una vez acabada, estaba abierta a todo el mundo. Ambas cosas acentuaban el carácter público de la catedral, por lo que se daba el curioso caso de que la vida pública (rezos, festividades, asambleas, etc.) de la ciudad medieval transcurría en este peculiar espacio, semipúblico y semiprivado. El ejemplo que nos brindan las catedrales podemos exportarlo y tomarlo como base para mirar el lugar que ha ocupado la Iglesia en la historia de occidente, un lugar único, a caballo entre los espacios públicos y privados de las distintas sociedades. Es ahora, en la sociedad española contemporánea, donde el espacio público es regulado estrictamente por los poderes democráticamente elegidos, cuando es más sencillo percibir esta peculiaridad; pero esta peculiaridad, por ser previa a la sociedad democrática y a sus poderes, es también un velo que sigue dificultando la percepción de la Iglesia como el ente privado que es.

2. La Iglesia, como cualquier religión, se presenta como modeladora y garante de la moral de la sociedad. No digo nada nuevo con esto, pero merece la pena detenerse en ello: toda sociedad que se precie de serlo tiene leyes, sea la civilización más avanzada o una tribu del amazonas; y las leyes, sea por definición u omisión, dictan un modelo de comportamiento. Pero detrás de toda ley hay una idea madre: la percepción de los que es correcto y lo que es incorrecto. Esto no es otra cosa que un principio moral. Es esta asociación entre moralidad y ley la que ha hecho, desde tiempo inmemorial, que el misticismo haya ido de la mano del poder: desde el brujo de la tribu hasta la compleja estructura de la Iglesia Católica ha habido evolución, pero el principio es el mismo, y no es otra cosa que la afirmación "el gobierno hace las leyes y asegura su cumplimiento, pero esas leyes tienen que estar de acuerdo con la moral que viene dictada por el poder divino". Esto está firmemente anclado en la psique colectiva y, aquí viene el meollo del asunto, asumir que los intérpretes de esa moral divina pertenecen a un ente privado es una tesis complicada de aceptar.

3. La asociación entre Iglesia y Estado es históricamente fuerte en la sociedad española. Como complemento del punto anterior está el hecho de que todo lo que en él se expone se pone especialmente de manifiesto en nuestra sociedad. Desde el alto medievo hasta la actualidad, con pequeños períodos como el trienio liberal o las dos repúblicas, la Iglesia Católica ha estado en relación estrecha con las sucesivas monarquías y con la dictadura de Franco. Aún ahora ocupa un lugar cercano a los poderes ejecutivo y legislativo. Esto se resume en una frase: "la Iglesia siempre ha estado ahí".

4. El esfuerzo activo por parte de la propia Iglesia Católica por presentarse como algo universal y atemporal. Ya lo he dicho más arriba pero lo repito aquí. Mientras que hay otras doctrinas que se adscriben a determinado círculo o sociedad, la Iglesia se presenta como el cuerpo moral que alberga potencialmente a toda la gente del globo. Se presenta como algo que trasciende gobiernos y fronteras, que sobrevivirá a los países y a las sociedades actuales. Hay que decir, en honor a la verdad, que la historia está de su parte en esta pretensión, dado que ha sobrevivido a cuantos avatares se le han presentado, cambiando y evolucionando conforme las sociedades cambiaban y evolucionaban. Ha visto nacer y caer imperios y monarquías; ha sido testigo de la evolución tecnológica y científica del ser humano y ha actuado como guardián de conocimientos, incluso de aquellos que no aprobaban sus doctrinas oficiales. Es más vieja que cualquier gobierno, país o frontera actual. ¿Cómo va a ser privado un organismo así? Tiene que ser imposible. Pero en este caso, y por complicado de aceptar que sea, no sólo no es imposible sino que es verdad.

De todas formas, y a pesar de tales razones (o tal vez precisamente por ellas), es necesario dar un paso atrás para intentar ver a la Iglesia Católica en toda su complejidad y contexto. Pero esto sólo es posible si primero se hace el ejercicio de verla como lo que es, una institución humana y privada. Una institución humana y privada cuya doctrina es seguida y respetada por muchos millones de personas a lo largo y ancho del mundo, pero humana a fin de cuentas (puesto que son seres humanos las que la conforman, el papa incluido), y privada por todo lo anteriormente expuesto.

4 comentarios:

Nemo dijo...

Un matiz:

Se ve a la iglesia como a un ente público porque en esta mierda de país la separación iglesia/estado no es ni mucho menos tan completa como dicen.

Por otro lado, la iglesia tiene potestad y parte en cosas públicas como la educación, y trata de que se legisle según sus preceptos en otras cosas públicas, como los matrimonios. Y hace grandes advertencias siempre fallidas de cómo todo se irá a la mierda si no se les hace caso.

Respecto de lo que hablas de criticar a toda la institución por los actos de individuos... bueno, ¿no es criticable una institución cuando son sus dirigentes los que se involucran en dichos actos? ¿Y cómo viola la libertad religiosa de los cristianos el que se les critique? No lo entiendo: yo creo que la libertad religiosa se viola cuando te impiden hacer tus ritos. Esa no es la situación aquí.

Earendil dijo...

Buenas man:

[...]Y hace grandes advertencias siempre fallidas de cómo todo se irá a la mierda si no se les hace caso.

Ciertamente, pero esto no es una peculiaridad de la Iglesia sino que más bien lo veo como una característica de casi todas las religiones monoteístas. Su papel de guardianas de la moral implican una recompensa (si se siguen sus preceptos) y de un castigo (si se traicionan). En cualquier caso el miedo y sobre todo la culpa siempre han sido herramientas útiles para esta labor de guardianes de la moral. Mmm... esto da para otra entrada.

Respecto de lo que hablas de criticar a toda la institución por los actos de individuos... bueno, ¿no es criticable una institución cuando son sus dirigentes los que se involucran en dichos actos?

Sin duda, pero la Iglesia tiene muchas cabezas, muchísimas; y quiero creer que la mayoría de ellas condenan la pederastia, como el obispo de Nueva York y como la mayor parte de la gente. El tema es que ellos no salen en los periódicos, como sí salen algunos como el obispo de Gran Canaria (si las declaraciones que he leido son ciertas, ese tío es un canalla).

Con respecto a la libertad religiosa, entiendo que la crítica se puede hacer desde ambas orillas, y que ello no constituye una violación de la libertad de nadie. Cierto que hay personas susceptibles, pero nadie les impide acercarse a su parroquia, rezar y comulgar. Afortunadamente.

Un abrazo compadre!

Último Íbero dijo...

Madre mía. Desde que leí esta reflexión hace ya varias semanas vivo con la necesidad de responderte a ella de algún modo pero no encuentro el tiempo para ponerme a ello. :(

Eso sí, tocas un tema muy interesante y poco conocido.

Earendil dijo...

Buenas Íbero:

Es un placer leerte por aquí de nuevo. Aguardo impaciente esa respuesta porque este tema da para debatir, estoy seguro.

Un abrazo!